Ráfagas de Luz

Comunión de los santos



Servir a los demás, ¡sí!, pero por Dios, sirviéndoles sin esperar nada a cambio

  Servir... nos aconseja el Señor: “Quien entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea el esclavo de todos” (Marcos 10, 43-44).

  Servir para procurar el bien de todos, sobre todo el bien espiritual que es la  comunión de la caridad, la comunión de los santos.  San Pablo apremia: "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Romanos 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (I Corintios 12, 26-27).  

El Catecismo de la Iglesia Católica señala que “el menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión” (nº 953). Esta es la Comunión de los Santos que profesamos en el Credo y que san Juan Pablo II lo resume así: “el bien de todos se convierte en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de todos” (Exhort. Christi fideles laici, 28).

Porque somos eslabones de una misma cadena, “mi fidelidad sostiene a los demás”. Y serviremos a los demás por amor, por el Amor de Dios; Amor con el que servimos a Dios, y servirle a Él es reinar (cfr. Lumen Gentium, 36).


Araceli María

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